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Emprendimiento femenino: una oportunidad para toda la sociedad

Emprendimiento femenino: una oportunidad para toda la sociedad

Profesora Fundepos Lucía Chaverri
La igualdad de oportunidades profesionales y laborales sigue siendo fantasía inalcanzable para miles de mujeres. Según datos de la OIT (Organización Mundial del Trabajo) en los últimos veinte años no hemos experimentado una reducción significativa en la desigualdad entre hombres y mujeres, lo que se traduce para nosotras en menor acceso a empleo de calidad, cobertura de la seguridad social y salarios equivalentes por las labores realizadas. Si bien Costa Rica ostenta el puesto 22 en el Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial, nuestra nación desciende a la posición 105 en términos de las oportunidades a las que podemos acceder las mujeres y nuestra participación en la economía. A pesar de los esfuerzos de diversos sectores, aún padecemos las consecuencias de un sistema que nos condena por el simple hecho de ser mujeres. Y así no solo perdemos nosotras: pierde todo el país.
El fenómeno desde luego no afecta únicamente a Costa Rica, pero el hecho de que sea una “enfermedad compartida” en la región centroamericana y el mundo, no implica que los síntomas nos afecten menos.
El clamor y la respuesta de los sectores suele moverse en el mismo terreno de acción: la necesidad de reactivar la economía para fomentar la creación de empleo y combatir la inequidad salarial. No obstante, para reducir la tasa de desempleo femenino y disminuir la brecha salarial pareciera no bastar con acelerar desde el ámbito de la empresa privada. Por ello, ha tomado fuerza la idea de que impulsando el emprendimiento femenino, con acompañamiento estatal y/o privado, tendremos más herramientas para reducir esas “brechas”.
Si bien como emprendedora agradezco la existencia de estas iniciativas y reconozco el poder de cada uno para innovar y crear valor, también es verdad que los proyectos de apoyo al emprendimiento requieren acompañarse de otros factores críticos para impulsar el progreso de nuestras mujeres de manera efectiva.
Y es que aunque existen esfuerzos gubernamentales e iniciativas privadas para apoyarnos a emprender, muchas de nosotras no podemos ni siquiera acceder a estos programas.
“Emprender” es un esfuerzo que requiere mucha colaboración; “emprender”, como acto de iniciar un nuevo proyecto (con balance económico, social y ambiental) necesita de la guía y apoyo activo de muchos actores. Para florecer, necesita de políticas públicas robustas y actualizadas. Se nutre de la complicidad de las familias, amigos y conocidos, así como un temple inquebrantable para enfrentar un reto enorme. Si ya de por si es difícil crear una empresa debido a sus implicaciones, en ocasiones las mujeres enfrentamos mayores desafíos debido a los múltiples roles que desempeñamos.
Sucede con frecuencia que no tenemos tiempo para esperar a “que las estrellas se alineen” y por ello nos lanzamos a emprender sin necesariamente contar con el conocimiento o experiencia necesarios; en no pocas ocasiones, eso nos cobra una alta factura.
El emprendimiento femenino tiene rostro de esperanza, pero también de frustración. ¿Lo que realmente necesita? Más y mejor formación en gestión gerencial y desarrollo de competencias para el siglo XXI.
Cómo sobrevivir al Valle de la Muerte
Según estudios realizados en nuestro país, apenas el 20% de los emprendimientos costarricenses supera los tres años de vida. Algunas de las causas asociadas a esa baja tasa están relacionadas con la naturaleza de subsistencia de los negocios (nacen como método de subsistencia) y la falta de formación del emprendedor.
Impulsar el emprendimiento femenino significa brindar a las mujeres no solo los espacios para desarrollar una idea de negocio, sino también el acceso a formaciones “hechas a la medida”, que respondan a sus necesidades de tiempo, pero también a la naturaleza de nuestros tiempos. Familiarizarnos con la transformación digital y ambiental que vive el mundo, con herramientas de enseñanza actualizadas y de la mano de mentores que nos inspiren para el desarrollo de las habilidades requeridas para innovar en un mundo de constante cambio.
Apostar por nosotras es apostar por la transformación de la realidad femenina con la convicción de que generará un efecto multiplicador en toda la sociedad.
Que para las mujeres emprender no sea sinónimo de perder inversiones, adquirir deudas impagables, desperdiciar tiempo y comprometer la calidad de vida con sus familias; que no signifique una cita con los números rojos ni un mensaje de que su lugar como mujeres es otro. Que no sea padecer su condición de mujeres, madres, cuidadoras o emprendedoras. Que emprendimiento signifique conquista; no se trata de aspirar a un trabajo sin retos: se trata de que los retos sean una oportunidad para realizarse y generar ingresos dignos. Que sean un recordatorio positivo de que seguimos siendo una fuerza imparable que mueve el mundo.

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